Un año después… ¿Y la oposición?

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¿Y cómo está la oposición un año después de la victoria de López Obrador?

Si fuera una pelea de box, diríamos que la oposición fue noqueada hace un año.

365 días más tarde sigue en la lona, ha tratado de levantarse y conectar un par de golpes, pero son strikes que no impactan en el rival. El peleador tropieza, sangra de la ceja, sigue hinchado del ojo y sus piernas se advierten cansadas.

El mejor escenario que vive la oposición es el Senado. Ahí han logrado frenarle un par de cosas al presidente López Obrador y su partido. Como se tienen que juntar todos para vencer al grandote, pierden identidad y la posibilidad de capitalizar políticamente sus victorias legislativas. ¿Con quién simpatizarán los que están a favor de que la Guardia Nacional no fuera, al menos en el papel, tan militar? ¿Por quién votarán los que defendieron un pedazo de reforma educativa? ¿A quién apoyan los que están contentos de ver cómo conjuraron la revocación de mandato el día de la elección intermedia? ¿Con el PAN, el PRI, el PRD, con MC? ¿Con todos, con ninguno?

Internamente, los partidos están en crisis.

Marko Cortés en el PAN tiene el desafío de un partido que en noviembre cumple 80 años pero tiene en la boca el sabor de la derrota electoral brutal en 2018, las dos gubernaturas que perdió en este 2019 y como símbolo adverso, ya se le fueron sus dos políticos que han llegado más lejos: los ex presidentes Fox y Calderón. El PAN no tiene narrativa y la necesita urgentemente si, como lo ha dicho su dirigente, busca robar a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados en la elección del 2021. El PAN se ha posicionado como el más acérrimo rival del presidente López Obrador, al menos en el discurso. Desde su dirigencia y desde el Legislativo. Pero los gobernadores panistas son en su mayoría cálidos y condescendientes con el presidente. No basta con el discurso del NO, con el discurso antiAMLO, hace falta decir a dónde SÍ quieren llevar al país.
Claudia Ruiz Massieu está por salir del PRI. El proceso interno reveló que por mucho que cambien los tiempos, el PRI apuesta a ser el mismo de siempre. Todo apunta a que el 11 de agosto vencerá Alejandro “Alito” Moreno una cuestionada elección interna por la dirigencia priista. Llegará al estilo PRI: los métodos de alianza y operación política no son para presumir que el tricolor entendió el mensaje de julio del año pasado. La carga de corrupción, de cochupos, de falta de transparencia, parece muy pesada, muy difícil de superar a corto plazo. El PRI ha jugado hasta ahora el papel de una oposición leal al presidente AMLO. No sé si por estrategia o por miedo a que les desempolven los expedientes.

MC y su principal figura, el gobernador tapatío Enrique Alfaro, perdieron el impulso de arranque de sexenio con el que parecían dibujar una narrativa de oposición cercana a la sociedad civil.

Y el PRD está en peligro de extinción. Literalmente hay más vaquitas marinas que legisladores del PRD.

A lo mejor las carencias de la oposición también explican la popularidad presidencial. A lo mejor la oposición a López Obrador no surgirá de los partidos. Ha sucedido en otros países.

Quizá brotará orgánicamente de algún sector de la sociedad. O no.

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