A menudo se dice que la fotografía es un camino solitario, pero apasionante y dedicado; excusa única para perderse en paisajes desconocidos y suspender momentos únicos. Esa búsqueda es la que ha llevado a Erik Ruíz a ser uno de los fotógrafos mexicanos más importantes y galardonados de los últimos años

Su pasión lo ha llevado a ganar el Premio Nacional de Fotografía de Naturaleza de la CONABIO en 2018, y octavo lugar a nivel mundial en la categoría Comercial en el Mundial de Fotografía 2019, realizado en Noruega.

Originario del centro del país, llegó a Cancún en septiembre de 2007 sólo con su coche viejo -que se le descomponía a cada rato en carretera- y una cámara. El ‘aventarse’ a esa aventura fue la mejor decisión que pudo haber tomado, pues aquí comenzó a involucrarse más en la fotografía.

“Llegar a Cancún fue hacer un ‘clic’ en mi vida, pero el cambio realmente importante se dio hace seis años, cuando estaba en una convención de fotógrafos y vi el trabajo de muchos compañeros y me sentí un ignorante en la materia, lo que me motivó a seguir preparándome”, confesó.

Y aunque tomó como un reto personal el superarse en la fotografía, reconoce que su trabajo se ha visto enormemente inspirado en todo lo que lo rodea. “Vivir en Quintana Roo me ha motivado a crecer, por sus paisajes y condiciones climatológicas que me han alimentado de muchas formas en mi trabajo, pues tenemos lugares para ver la Vía Láctea, y el mar, que para mí, muy pocos tienen”, comentó.

Erik mantiene fresca en su memoria el recuerdo de la fotografía que marcó un antes y un después en su vida. “Fue una noche que salí con varios compañeros a una lluvia de estrellas en Puerto Morelos, pero hubo una tormenta eléctrica y nos regresamos porque nos cayó lluvia, pero a mitad del camino decidimos volver, y cuando lo hicimos, había una nube que estaba tirando muchos rayos enfrente de donde estábamos; entonces monté la cámara en el tripié, calculé la exposición y disparé. En ese momento pasó una estrella fugaz enorme y un rayo. La emoción que me causó fue muy emotiva, tanto, que persiste al día de hoy”, confesó. Es así como las estrellas y los rayos se han mantenido entre sus temas favoritos, que le han permitido ser reconocido a nivel nacional e internacional.

Herramienta de identidad

Conforme Erik compartía sus fotos en las redes sociales, cada vez más gente le preguntaba cosas como: ¿dónde tomaste esa foto?, ¿qué lugar es ese?. “Me di cuenta que mucha gente que vive en Cancún no conoce su propio lugar, por lo que empecé a buscar cosas que casi nadie había visto”, expresó. Así se fue adentrando a lugares únicos, muelles olvidados, playas donde el sol cae majestuosamente o donde la luna llena se observaba en todo su esplendor.

Es tal su pasión, que ha llegado al punto de planear fotografías con años de anticipación, gracias a aplicaciones digitales que le pronostican el movimiento del sol, la luna y la Vía Láctea, lo que le permite saber desde qué punto podrá tomar una fotografía, acomodando los elementos en la composición correcta. Actualmente tiene más de 20 proyectos
fotográficos preparados y en espera de las fechas correctas para llevarlos a cabo.

“Hoy, quizá, soy más metódico y planeo más mis fotos, pero el salir a tomar fotografías de atardeceres en la zona hotelera, Isla Blanca o Tulum, me ha hecho disfrutar cosas que son muy valiosas; al final, la fotografía representa lo que me hizo sentir ese momento, con los colores, la exposición y el dramatismo”, finalizó.

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