Vivir de la música. Vivir para la música. Música. Vivir. Cancún y Playa del Carmen suenan desde hace varios años, pero hoy tienen a por lo menos dos representantes que hacen sonar a nivel nacional. ¿Qué sigue después de ellos? ¿Se puede soñar con alguien que los imite? ¿Su ejemplo es suficiente?

LNG/SHT, Max Chinasky y Ultra P. El primero es el pionero, aunque no lo reconozca abiertamente. No se asume de esa manera, pero entiende que hay un camino trazado que el resto está siguiendo.

Para Ultra P, llevar al intento –porque nunca se acaba de lograr- de máxima expresión a la música, significa reconocer que, quedándose a la orilla del mar Caribe, es complicado trascender al nivel que quieren: el nacional. Es necesario, no sólo dejar los bares y a la gente que conforma la escena, sino a la familia. Prepararse para el éxito implica madurar con anticipación.

Ultra P charla con Cancuníssimo. Los chicos –porque todavía se sienten jóvenes- recuerdan el salto al centro del país. “Estábamos ensayando y Gastón Espinosa (LNG/SHT) cayó sin aviso. Nos escuchó y nos dijo: ‘Tocan muy bien. Les voy a hacer una propuesta: quiero que sean mi full band y abran los shows en todas las fechas (del Circuito Indio)”, rememoró Juan Pablo Orduña, el cantante.

Algo en ellos se movió. Si realmente querían trascender más allá de lo que Cancún y Playa del Carmen les permitía, tenían que mudarse, aunque en el fondo no supieran muy bien qué o cómo tenían que hacerlo.

“Difícil no fue tomar la decisión. Sabíamos lo que queríamos, que no íbamos a buscar oportunidades. Se sumó nuestro talento con la experiencia de las agencias. Fue difícil irnos por la parte de decir adiós a nuestros amigos, novias y familia”, admitió Mauricio Muñoz, el baterista. Después llegó la partida. Extrañar el calor, a la familia y a los amigos, pero asumiendo que tenía que ser de esa manera para cumplir un sueño.

Probablemente, la fecha más sorprendente en la etapa de darse a conocer fue la del Foro Indie Rocks, un sitio para 500 personas en la colonia Roma, uno de los dos corazones rockeros de la Ciudad de México. Fueron la primera banda, pero el espacio ya estaba a reventar. Hubo locura y sorpresa por su sonido fresco que regalaba agua salada mientras afuera la lluvia y el frío gritaban con los cuatro vientos la consolidación del verano chilango.

“Estuvimos intermitentes. Íbamos y veníamos del Circuito a Cancún. Llevamos un año en la ciudad, y se refleja en la forma en la que hacemos música. Ir al centro te cambia tu perspectiva, porque ahí es donde sucede todo. Te ayuda a evolucionar y saber qué es lo que tiene que pasar con tu proyecto, tu imagen y demás”, consideró Daniel Orduña, guitarrista.

“Vivir y seguir con el proyecto desde Cancún es inviable y lo entendieron. No se trata sólo del tamaño de la ciudad, sino de la apertura mental del público para escuchar. En la Ciudad de México hay shows prácticamente todos los días, y el reto es convencer a la gente de tener llenos los locales. En Cancún es complicado, incluso, un buen concierto a la semana. Requiere mucho valor. Es una decisión que te cambia la vida, que tengan ese nivel de profesionalismo. Es un cambio de ciudad para empezar a trabajar; es mudarte y trabajar el doble de lo que hacías”, sentenció Juan Pablo.

El pionero involuntario

LNG/SHT, el pionero involuntario del pequeño pero ruidoso éxodo caribeño a la Ciudad de México, coincide. Recordó que cuando tomó la decisión de dejar el despacho de abogados donde trabajaba, “llevaba 10 años planeando en cómo hacer para irme de gira. Creo que esta es la diferencia primordial, a riesgo de quitarle todo el romance a mi carrera. Cuando opté por dedicarme a esto, ya llevaba trabajando una década”, recordó.

“Tuve ‘chambas’ que no me obligaban a organizarme. Trabajé en un despacho. Cuando lo dejé, pensé ‘si renuncio a este trabajo, ¿cómo quiero que sea mi trabajo?’, y tuve que analizar quiénes organizaban eventos, la merch, las canciones nuevas, la promoción. Todo estuvo estructurado hacia una meta. La mayoría de las bandas carecen de esto y ni siquiera lo piensan. La única banda que tenía una ambición como la mía era Joliette. Armábamos rutas y compartíamos escenarios. Mi carrera estuvo más enfocada en generar -tenía muy claro que no quería trabajar en nada más en tiempos muertos-”, detalló.

No se arrepiente de nada a la hora de hablar de su permanencia en la capital del país. “Tirar la toalla, no. No he pensado regresar a Cancún con mi capa caída y con la toalla tirada. Jamás. Tardé 14 meses en pagar una renta sólida, no como paro de alguien, de ser roomie y pagar mi parte. 14 meses viví a costa de paros y giras; y regresar a casa de mis papás, sólo en Navidad”, mencionó.

“Mi carrera no hubiera sido la misma si no hubiera estado en la Ciudad de México. En una semana puedes hacer la chamba de medios que en provincia no haces en un año. Me encanta ir a conciertos, fiestas, conocer gente que admiro. Como provinciano que he sido desde mi nacimiento, extraño cosas. Me gustaría dividir mi tiempo entre Cancún y la Ciudad de México”, explicó.

Eso sí, comprende halagado cómo mucha gente ya lo tomó como referencia a la hora de hablar de salir de Cancún haciendo música y ser exitoso. Él nunca tuvo algo así.

“Al final del día no se trata sólo de creerlo, sino de intentarlo. Cuando yo vivía acá, no tuve un punto de referencia de alguien de Cancún o de Mérida que se haya ido al centro a vivir de la música, pero sí de otros países. Me gustaría ver que la gente de mi ciudad dijera: ‘si este abrió la brecha, yo también’. El año pasado me invitaron a Tijuana a una conferencia sobre cómo activar tu banda independiente. Alguien la subió a YouTube y tiene 12 mil views y muchos comentarios muy halagadores”, finalizó.

Related Post

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *