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De innumerables formas, fuentes y canales nos ha llegado el mensaje de que algunas islas y costas del planeta desaparecerán como efecto del calentamiento global. Como un péndulo, gran parte de las reacciones han sido extremas: algunos, dominados por el catastrofismo, planean emigrar a lugares más altos mientras puedan hacerlo ordenadamente; otros, por intereses o apatía, niegan y fustigan la información como si fuera producto del sensacionalismo. Entre tantos son pocos los que han logrado centrar su atención y entender el mensaje que difunden, sobre todo, los científicos: es irreversible que la Tierra perderá amplias extensiones de costas y entre estas, están las de Cancún, Isla Mujeres, Holbox, Playa del Carmen y Puerto Progreso.

En Cancún la situación a futuro es más complicada. Las dunas costeras fueron aplastadas aquí por un centenar de hoteles construidos en la primera línea de playa, sobre los mismos sistemas dunares. Lo razonable, según investigadores para el desarrollo, es que estas construcciones hubieran guardado una distancia de 60 a 120 metros de las dunas, pero los hoteleros quisieron restar ese esfuerzo a los turistas y acercarles lo más posible el mar, tanto que al salir de las instalaciones ya ponen un pie sobre arena mojada. Los centros de hospedaje distan unos 20 metros del mar y esa distancia se perderá, según estudios científicos, en las próximas dos décadas. El pronóstico es que la zona hotelera de Cancún –así como está– dejará de ser viable.

“¿Qué significa que aumente 50 centímetros el nivel del mar como efecto del calentamiento global? No parece nada. Sin embargo, hay cálculos que te indican que por cada centímetro que se eleve el nivel del mar, se perderá un metro de playa; o sea que si tú tienes 30 metros de playa, basta que aumente 30 centímetros el nivel del mar para que te quedes totalmente sin arena”, especificó el periodista científico Juan José Morales, colaborador de varias publicaciones en el país y el extranjero, y autor de diversos libros.

Como especialista en la difusión de temas científicos, Juan José evita el catastrofismo y el alarmismo, pero también el extremo opuesto del escepticismo y la inercia: “Es muy difícil anticipar que los efectos son tales o cuales específicamente, pero lo que sí es evidente es que ha habido un aumento en la temperatura media de la Tierra y que esto se debe a factores antropogénicos; o sea, creados por el hombre y no por fluctuaciones en la actividad solar. Es lo que se conoce como el efecto invernadero”.

La revolución de los vientos

Los huracanes son fenómenos naturales y, por eso, no son generados ni han podido ser controlados por el hombre.
Los que habitamos aquí en Quintana Roo debemos vivir entonces sin pánico a los ciclones y con una cultura de prevención. El efecto invernadero, al contrario, es propiciado y, por eso, puede ser controlado por el mismo hombre. Lo produce el consumo de combustibles que ha provocado un exceso de bióxido de carbono. El bióxido sirve para retener el calor en la atmósfera. Si no existiera sería imposible, por frío, nuestra vida en el planeta. El calor llega a la superficie de la Tierra a través de los rayos del sol y luego es emitido de nuevo a la atmósfera por el suelo o el mar. El exceso de bióxido provoca que se retenga más calor y a eso se le llama calentamiento global o efecto invernadero.

“El problema grave sigue siendo el calentamiento global. Ya se calcula que ha aumentado por lo menos medio grado la temperatura de la Tierra desde principios de la Revolución Industrial, pero cada vez es más acelerado el incremento. Hay quienes dicen que de aquí a finales de siglo va a aumentar de tres a cinco grados. No hay consenso absoluto pero en lo que sí hay consenso es que va a seguir aumentando y los efectos de eso son muchos. En primer lugar, si se calienta la Tierra obviamente hay más energía que significa que puede haber huracanes más intensos o más huracanes”.

Hasta el cierre de esta edición, la tormenta tropical Bertha había sido la primera en convertirse en huracán durante esta temporada en el Atlántico. Bertha no significó riesgo para Quintana Roo. Hasta este momento se habían formado tres tormentas tropicales, Arthur, Cristóbal y Dolly, y se esperan otras doce. De aquí a noviembre los meteorólogos pronostican que habrá cuatro huracanes que podrían superar la categoría tres en la escala Saffir–Simpson. Aunque los pronósticos pueden variar, se anticipa también la formación de cuatro huracanes que no pasarán de categoría dos. Según el orden alfabético que se les otorga cada año a estos fenómenos, a mitad de la temporada podrían formarse Marco, Omar o Paloma, y la actividad ciclónica en el Atlántico podría cerrar con René o Wilfred.

Los meteorólogos también vaticinan que esta temporada de huracanes será ligeramente más activa que el promedio que han registrado entre 1950 al 2000. Pronostican que los huracanes serán más intensos y traerán en general lluvias más fuertes, a medida que el clima continúe calentándose. 

Las islas y costas perdidas

Las consecuencias que los científicos ven más serias, son las que provocará el aumento gradual en el nivel del mar, como efecto del derretimiento de los hielos en Groenlandia y de la expansión del agua al dilatarse por el calor.

“El aumento no va a ser de pronto en el año 2100 ó en el año 2010. De aquí a entonces va a haber un aumento paulatino en el nivel del mar. Los cálculos varían. Lo importante es el incremento. ¿Qué significa que aumente 50 centímetros? No parece nada pero hay cálculos que indican que por cada centímetro que se eleve el nivel del mar, se pierde un metro de playa; o sea que si tienes 30 metros de playa, basta que aumente 30 centímetros para que te quedes sin costa”.

Con base en estos cálculos científicos, hay islas en el Océano Índico que están expuestas a desaparecer. De hecho, ya hay islas que están desapareciendo. La región que habitamos, en la Península de Yucatán, está contemplada dentro de los mismos cambios, porque su altura es de apenas un metro sobre el nivel del mar. Los pronósticos indican que van a ser más frecuentes las inundaciones por agua de mar –como ya sucede en algunos períodos del año en la isla de Holbox–, que van a ser mayores los embates de las olas y que se van a perder  las playas. 
“Se van a ir perdiendo extensiones. Dentro de 20 años podría haber subido 15 centímetros el nivel del mar. Son 15 metros menos de playa, más inundaciones, y todo eso sumado a que puede haber huracanes más intensos o más huracanes o más lluvias. Tenemos que pensar, en primer lugar, que el calentamiento global es un hecho. Segundo, que nos va a afectar especialmente a quienes vivimos en zonas como la Península de Yucatán y como la costa del Golfo de México, por no decir los otros continentes; y tercero, que la única manera de evitar sus consecuencias es mantener ecosistemas que nos protejan de estos cambios. Uno de los principales son los humedales: todos lo pantanos, los manglares, las lagunas costeras que sirven precisamente como una zona de amortiguamiento entre mar y tierra firme. Esa es nuestra protección y hay que conservarla. No se puede simplemente cerrar los ojos y seguir destruyendo”.

 
 

Manual de supervivencia

Al igual que las dunas de arena en las playas, los manglares son una barrera natural que protege a las poblaciones contra el impacto directo del oleaje y el embate de los vientos huracanados. Además, los manglares son conocidos como “el kínder” de los arrecifes de coral, porque ahí embrionan, nacen y crecen diversas especies de animales marinos que después emigran a la barrera arrecifal. Todos estos ecosistemas interactúan de forma tan directa, que destruir uno significa, a la larga, acabar con los demás.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) determinó que la devastación causada por el tsunami de 2004 en Asia fue mayor en las zonas que ya tenían daños medioambientales serios, donde ni corales ni vegetación pudieron actuar como barreras ante las olas gigantes. “Una de las conclusiones clave es que los ecosistemas costeros protegen a las personas”, dijo Pasi Rinne, responsable del Grupo de Trabajo del Tsunami del Programa de la ONU para el Medio Ambiente, que elaboró este informe.

En Puerto Morelos, ubicado a 35 kilómetros de Cancún, se confirmaron los resultados del estudio de Rinne en pleno huracán del 2005. Investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM instalaron mareógrafos para registrar el ascenso y descenso de las mareas en pleno embate de Wilma. Puerto Morelos tiene una barrera de arrecifes que es continua y va paralela a la costa. Los mareógrafos fueron colocados dentro (más cerca de la costa) y fuera (en mar adentro) de esta barrera natural: unos, dentro de la laguna arrecifal (desde la rompiente en donde empieza la plataforma de arrecifes hasta la playa) y otros, después de la rompiente hacia mar adentro, en el arrecife frontal.

El resultado fue: dentro de la laguna se registraron olas de tres metros de altura que afectaron las construcciones cercanas a la costa, y fuera de la rompiente las olas alcanzaron hasta 11 metros de altura. Si esta barrera, o este dique natural, no hubiera existido, el desastre habría sido mayor que el provocado por el tsunami más poderoso reportado en Centroamérica: el de 1992 en Nicaragua, con olas de 9.5 metros de altura que cubrieron kilómetros de extensión y mataron a cientos de personas.

A parte de la preservación de los ecosistemas, los habitantes de Quintana Roo pueden contribuir directamente en aminorar estas consecuencias. Acciones concretas son evitar el uso del automóvil lo más posible. No utilizarlo si tenemos que ir, por ejemplo, a la tienda que queda a tan sólo ocho cuadras. Evitar tener las luces encendidas día y noche. No bañarse con agua caliente que, además, no es necesario en este clima. Y mantener de ser posible el aire acondicionado a no menos de 25 grados centígrados, por nuestra salud y la del medio ambiente. La temperatura del cuerpo humano es de 37 grados. Si el aire acondicionado tiene una temperatura de 25 grados refresca, no enfría, no enferma y, lo mejor, ahorramos energía y evitamos que las lluvias, las tormentas y los huracanes nos lleguen con mayor fuerza.