Ricardo y Blanca Rivas: Mismo destino, rutas diferentes

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Instalados en la casa que construyeron juntos, por la que han entrado y salido sus hijos para hacer sus vidas y la que han disfrutado con amigos que afortunadamente siguen a su lado o que recuerdan con mucho cariño, platicamos con el hijo del famoso actor Ricardo Rivas ‘El Borras’, Ricardo Rivas Andrade, nacido en 1957 en la Ciudad de México, donde vivió hasta los 24 años, cuando llegó a Cancún.

La invitación a conocer el Caribe Mexicano le llegó de rebote, al término de su carrera como arquitecto. Uno de sus maestros no podía aceptar la invitación para participar en un proyecto en Isla Mujeres, y parafraseando al personaje que inmortalizara su padre y adoptara todo México, ‘se aventó como el Borras’ y aceptó ir en su lugar porque sólo serían tres meses.

Era octubre de 1981, el año de la Cumbre Norte Sur. Tras concluir el proyecto regresó en diciembre a la Ciudad de México, pero una nueva obra lo trajo de regreso y fue cuando decidió quedarse definitivamente, pues era la gran oportunidad para desarrollarse en el campo de la
construcción.

EL DESTINO SE PONE

EN MARCHA

Blanca, su esposa, es originaria de Monterrey, Nuevo León. Nació en 1963 en medio de una familia muy unida. En 1980 quedó en quinto lugar en el concurso Señorita Turismo -ganó su amiga Ana María García Gamboa-. Una de sus primeras actividades fue asistir a la ceremonia de Independencia en Nueva York, invitada por la secretaria de Turismo, Rosa Luz Alegría, viajando en el avión presidencial Quetzalcóatl II. Fue un hecho inolvidable.

Posteriormente consiguió una beca para estudiar en Londres, y el embajador de México en Inglaterra le pidió que asistiera a la Cumbre Norte Sur para apoyar a la comitiva. Fue cuando conoció Cancún, pero su compromiso con el ‘viejo continente’ aún la esperaba.

Tras concluir la beca, regresó a Monterrey para integrarse al equipo de Lancome y retomar su agenda itinerante por el mundo, hasta que renunció para asentarse
definitivamente en Cancún.

Su primer trabajo fue en el hotel Casa Maya. En una ocasión, llegó parte de la realeza de los Emiratos Árabes, así que organizó una fiesta para uno de los niños príncipes. Aprovechando la visita, les solicitó concedieran una entrevista para el periódico Novedades, pero ese mismo día la cancelaron y los reporteros la
entrevistaron a ella.

Esa publicación le mereció la invitación a un evento de la Asociación de Relaciones Públicas -de la que Ricardo fue fundador y primer presidente- y ese día él dio una ponencia sobre llevar electricidad a Central Vallarta.

DECISIÓN TOMADA

Blanca clavó su mirada en él. Escuchaba su discurso pero en su mente visualizó una sola cosa: “¡Ahí está mi marido!”. Sin saber su nombre ni quién era, había decidido que sería el hombre de su vida.

Ese día fue memorable para ambos, porque la plática derivó en un ‘aventón’ al centro, y al comentarle Ricardo los proyectos que estaba realizando, ella le dijo: “¡Un día tú vas a hacer mi casa!”, y efectivamente se la hizo y es justo donde han vivido por casi 25 años.

El romance no tardó mucho en llegar, pero las ganas de Blanca de seguir viajando no cesaban. Trabajando desde Houston le llamó y le comentó que tenía ganas de hacer un viaje a Egipto e Israel para conocer Tierra Santa, y Ricardo se apuntó inmediatamente.

Blanca le dijo que sería imposible porque no iba a viajar tan lejos con su novio, pues sus padres lo iban a ver muy mal, a lo que Ricardo contestó: “¡Casémonos!”. Blanca le pidió que le aclarara si esa era su propuesta de matrimonio, y él dijo que sí.

Llegó la boda en 1985. Fue algo muy sencillo, porque ya estaba cerca el viaje. Durante la visita a Egipto les hicieron un cartucho con sus nombres, símbolos que sellaron su unión y que decidieron estampar en la entrada de su puerta en donde se lee en jeroglíficos egipcios los nombres de
Blanca y Ricardo.

Desde entonces su vida ha sido una ola constante de sorpresas, satisfacciones y crecimiento personal con cuatro hijos: María Elena, Ricardo Augusto, Guillermo Lucano y Juan Diego, y sus cuatro nietos. Para Blanca ser madre fue una bendición, pero ser abuela es una dicha plena.

Mientras la familia crecía, Cancún también, y para ellos representó un orgullo participar en todas esas grandes obras, sin embargo, Blanca recibió una oferta en Monterrey para conocer el mercado de los casinos y por un tiempo emigró a su ciudad natal.

Hasta la fecha no ha dejado de promover el turismo y sigue preparándose. “Soy promotora de la idea de que todos debemos seguir estudiando lo que nos apasiona, porque hasta el día que morimos seguimos en el juego”.

Entre las múltiples labores que han desempeñado en Cancún, Blanca fue precursora en la venta de tiempo compartido en Casa Maya, así como de los primeros fraccionamientos de Puerto Aventuras. Colaboró al lado de su esposo en el proyecto de Kukulcán Plaza con la familia Marcos. Ricardo participó en la venta y construcción de Plaza Caracol, así como de varios proyectos comerciales.

Una forma de seguir viajando sin abandonar su base en Cancún, han sido los intercambios turísticos con otras familias del mundo. De esta forma se han convertido en anfitriones del planeta y disfrutado de otros lares.

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